sábado, 8 de enero de 2011

Historias sobre mundos propios - Revisión de El Principito

Estaba tratando de ver una película, sobre el principito y me asombré al ver la historia sobre los habitantes de los planetas en su camino a la tierra.

Claramente me asombré porque ahora tengo visiones distintas de cuando lei, en una primera oportunidad, el libro El Principito, y si bien es cierto que la idea original la tenía en mi mente, me lancé nuevaente a leer el contenido del hermoso libro para poder hacer una retrospectiva un poco mejor.

Decir que todos vivimos en "un mismo mundo"
es tan impensable como pensar que no nos alumbra un mismo sol"
  
 Vamos explicando algunas cosas... como la frase que elegí para la foto:
Decir que todos vivimos en "un mismo mundo"
es tan impensable como pensar que no nos alumbra un mismo sol"

Lo casi evidente para mi es que no vivimos en un "mismo mundo", sino que en muchos mundos distintos. ¿Porqué suponer esto? sencillamente porque no a todos nos afectan del mismo modo ciertas cosas... es decir, si por ejemplo el tipo de cambio de una moneda extranjera cae, en mi percepción del mundo no cambian muchas cosas... sin embargo a una persona ligada al mundo de los mercados de valores o la exportación e importación de productos si le afectará... pero con un ejemplo más cotidiano, podemos decir que la muerte de un familiar a nosotros nos duele enormemente, a nuestros vecinos les afecta, al barrio pudiera importarle, a nivel nacional a pocas personas les afecta y a nivel mundial casi no afecta.

Es por eso que digo que cada uno vive en un distinto mundo, aunque claramente nos alumbra un mismo sol... la gran armonía del universo que admite una enorme cantidad de variedad.... pero siempre bajo un denominador común.


Ahora vamos con las analogías del principito:

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Capítulo X - El Rey


Se encontraba en la región de los asteroides,325, 326, 327, 328, 329 y 330. Comenzó pues a visitarlos para buscar en ellos una ocupación y para instruirse.
El primero estaba habitado por un rey. El rey estaba instalado, vestido de púrpura y armiño, sobre un trono muy simple pero majestuoso.
- Ah! He aquí un súbdito, - exclamó el rey cuando apareció el Principito.
Y el Principito se preguntó:
- Cómo puede reconocerme si nunca me ha visto antes !
Él no sabía que, para los reyes, el mundo está muy simplificado. Todos los hombres son súbditos.
- Acércate para que te vea mejor - le dijo el rey, que estaba muy orgulloso de ser rey para alguien.
El principito buscó con los ojos dónde sentarse, pero el planeta estaba todo cubierto por la magnífica capa de armiño. Permaneció entonces de pie, y como estaba cansado bostezó.
- Es contrario a la etiqueta bostezar en presencia de un rey - le dijo el monarca. Yo te lo prohíbo.
- No puedo impedirlo - respondió el Principito muy confundido. - Hice un largo viaje y no he dormido...
- Entonces - le dijo el rey - te ordeno bostezar. No vi a nadie bostezar desde hace años. Los bostezos son para mí una curiosidad. Vamos! Bosteza ahora. Es una orden.
- Eso me intimida... no puedo más... - dijo el principito enrojecido.
- Hum! Hum! - respondió el rey. - Entonces te... te ordeno bostezar unas veces y otras veces...
Balbuceaba un poco y parecía incómodo.
Porque el rey cuidaba especialmente que su autoridad fuera respetada. No toleraba la desobediencia. Era un monarca absoluto. Pero, como era muy bueno, impartía órdenes razonables.
"Si yo ordenara – decía habitualmente - si yo ordenara a un general convertirse en ave marina, y si el general no obedeciera, no sería la falta del general. Sería la mía."
- Puedo sentarme ? – se expuso tímidamente el principito.
- Te ordeno que te sientes - le respondió el rey, que corrió majestuosamente un faldón de su manto de armiño.
Pero el principito se asombró. El planeta era minúsculo. Sobre qué podía reinar el rey ?
- Majestad – le dijo... – le pido disculpas por interrogarlo...
- Te ordeno interrogarme – se apresuró a decir el rey.
- Majestad... sobre qué reina usted?
- Sobre todo – respondió el rey, con una gran simplicidad.
- Sobre todo ?
El rey con un gesto discreto señaló su planeta, los otros planetas y las estrellas.
- Sobre todo eso ? – dijo el Principito.
- Sobre todo eso... - respondió el rey.
Por eso, no solamente era un monarca absoluto sino que además era un monarca universal.
- Y las estrellas le obedecen ?
- Seguro – le dijo el rey. – Obedecen enseguida. No tolero la indisciplina.
Semejante poder maravilló al principito. Si él mismo lo hubiera tenido, habría podido asistir, no a cuarenta y cuatro, sino a setenta y dos, o incluso a cien, o incluso a doscientas puestas de sol en el mismo día, sin tener que correr nunca su silla ! Y como se sentía un poco triste por el recuerdo de su pequeño planeta abandonado, se atrevió a solicitar una gracia al rey:
- Yo quisiera ver una puesta de sol... Tenga la bondad... Ordénele al sol ocultarse...
- Si ordenara a un general volar de una flor a otra como una mariposa, o escribir una tragedia, o convertirse en ave marina, y si el general no ejecutara la orden recibida, quién estaría en falta, él o yo ?
- Sería usted - dijo con firmeza el principito.
- Exacto. Es necesario exigir de cada uno lo que cada uno puede dar - prosiguió el rey. - La autoridad se fundamenta  primero en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, hará la revolución. Yo tengo el derecho de exigir obediencia porque mis órdenes son razonables.
- Entonces, mi puesta de sol ? -  preguntó el Principito, que jamás olvidaba una pregunta una vez que la había formulado.
- Tu puesta de sol, la tendrás. Yo la exigiré. Pero esperaré, con mi ciencia de gobernante, que las condiciones sean favorables.
- Cuándo será eso? -  preguntó el Principito.
- Hem! hem! – le respondió el rey, que consultó primero un gran calendario, - hem! hem! será a eso de... a eso de... será esta tarde a eso de las siete horas cuarenta ! Y ya verás cómo soy obedecido.
El principito bostezó. Lamentó su puesta de sol fallida. Y luego se fastidió un poco:
- No tengo más nada que hacer acá - le dijo al rey. - Voy a partir !
- No partas -respondió el rey, que estaba tan orgulloso de tener un súbdito- No te vayas, te hago ministro!
- Ministro de qué ?
- De... de justicia !
- Pero no hay nadie para juzgar !
- No se sabe - le dijo el rey. - No di todavía la vuelta a mi reino. Soy muy viejo, no tengo lugar para una carroza y me fatiga andar .
- Oh! Pero yo ya vi - dijo el principito, que se inclinó para echar todavía una mirada sobre el otro lado del planeta. - No hay nadie allá tampoco...
- Te juzgarás pues a ti mismo - le respondió el rey. - Es lo más difícil. Es más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar al prójimo. Si logras juzgarte correctamente, es que eres un verdadero sabio.
- Yo - dijo el principito - me puedo juzgar a mí mismo en cualquier lado. No  tengo deseos de vivir aquí.
- Hem! hem! – dijo el rey – creo que en algún lugar de mi planeta hay una vieja rata. La escucho por la noche. Podrás juzgar a esa vieja rata. La condenarás a muerte de vez en cuando. Así su vida dependerá de tu justicia. Pero la indultarás en cada ocasión para economizarla. No hay más que una.
- A mí – respondió el principito – no me gusta condenar a muerte, y creo que me voy.
- No - dijo el rey.
Pero el principito, habiendo terminado sus preparativos, no quiso afligir al viejo monarca:
- Si Vuestra Majestad quisiera ser obedecida puntualmente, me podría dar una orden razonable. Podría ordenarme, por ejemplo, partir antes de un minuto. Me parece que las condiciones son favorables...
El rey no respondió nada, el principito titubeó primero y luego, con un suspiro, emprendió la partida.
- Te hago mi embajador - se apresuró a gritar el rey.
Tenía un gran aspecto de autoridad.
Las personas grandes  son muy extrañas, se dijo a sí mismo el Principito durante su viaje
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A mi entender, el personaje de El Rey es el más complejo de entender y enmarcar en un concepto de realidad, es complicado porque efectivamente un Rey tiene que saber lo que se puede y no se puede pedir e incluso tiene un sentido de la responsabilidad entendiendo que si él pide un "imposible" la culpa (o parte de ella) le corresponde. 
La verdad es que esa persona que parece centrada, se ha perdido en un mundo en donde su centro queda fuera de foco, su egoismo le ha impedido pensar en otra cosa que en su propia "forma de gobernar" a los otros dejándose a si mismo a la deriva, en un planeta pequeño y solitario pensándose siempre como un ser de altura y desconociendo que su propio esfuerzo le es desconocido al espacio vital que le rodea... trata de buscar compañía pero sin tratar de compartir espacios distintos, sino que tratando de incorporar a su distorcionada realidad a las personas de alrededor.
Escudándose en sus propias incapacidades, justifica su forma de existencia y su modo sin pensar en que puede (o debería ordenarse a si mismo) cambiar.
¿Cuántas veces hemos oido de nuestros propios labios decir que somos demasiado viejos para hacer algo que nos gustaría hacer?. ¿Cuántas otras hemos dicho que somos demasiado jóvenes, pobres, tontos, serios, altos, bajos, gordos, flacos, débiles o "poca cosa" para hacer algo que en verdad queremos hacer?.
El mensaje en este planeta es claro, lo primero que uno debe hacer es gobernarse a si mismo, juzgarse a si mismo, entender sus defectos, pero saber que las virtudes que tenemos (que es cierto que las tenemos) pueden hacer nuestros propios sueños realidad.
El post continúa mañana....

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